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Se firmo el acuerdo de bases militares

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A puerta cerrada, sin que el texto lo conozcan aún los colombianos, y en un elegante salón de la cancillería colombiana, los gobiernos de Alvaro Uribe y de Barack Obama -a través de su embajador en Bogotá- suscribieron ayer un polémico acuerdo que le permite a Washington hacer uso de al menos siete bases militares en el país andino.

"Fue un acto discreto porque no queremos hacer un show de esto", señaló Bermúdez a los periodistas, poco después de estampar su firma en el acuerdo que despertó mucha resistencia en el resto de los países de América del Sur.

Ante la andanada de críticas de distintos sectores colombianos, en especial porque la administración Uribe lo suscribió sin que los alcances de su texto sea conocido por los habitantes de la nación andina, el canciller Bermúdez anunció ayer que el acuerdo será publicado la semana próxima

"Va a ser público la semana entrante. Colombia no tiene ningún problema de que se conozcan los detalles a pesar de que estos acuerdos históricamente se manejan de forma reservada. Yo mismo estoy firmando una carta para todos los cancilleres (de la región), hablando del ánimo que tenemos que tener para mantener las mejores relaciones y buscar mecanismos más eficaces de cooperación", dijo.

Y enfatizó: "Que quede claro, este acuerdo lo que busca es acabar con el narcotráfico y el terrorismo en Colombia (...), los países vecinos y toda la región pueden estar tranquilos", dijo una vez más Bermúdez, ante la preocupación manifiesta de los gobiernos sudamericanos que en una reunión celebrada el 28 de agosto en Quito con los ministros de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) habían pedido conocer el texto del acuerdo. Colombia se negó entonces alegando que el acuerdo no había sido firmado aún.

El ministro colombiano concluyó su intervención reiterando que "aquí no estamos trayendo soldados norteamericanos para combatir en Colombia (....), aquí no va a haber personal de combate con carácter ofensivo de los EE.UU., es cooperación técnica-militar".

Pese al hermetismo frente al acuerdo, la revista colombiana Cambio reveló que el acuerdo le permite a tropas de EE.UU. operar durante los próximos diez años desde las bases aéreas de Palanquero (centro), Apiay (este) y Malambo (Caribe, norte); los fuertes del Ejército Tres Esquinas (sur) y Tolemaida (centro); y, las bases navales de Cartagena (Caribe) y Bahía Málaga (Pacífico, oeste).

En agosto, el tema llegó a la máxima preocupación de la región y los presidentes de Unasur decidieron hablar frente a frente del tema en Bariloche.

El presidente colombiano defiende a capa y espada su acuerdo con Obama, sin dar marcha atrás ni rendir cuentas en la región por lo que considera una decisión soberana de lucha contra el narcotráfico y la guerrilla marxista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En cambio, Venezuela, Bolivia y Ecuador arreciaron sus críticas a Colombia por lo que consideran una injerencia extrarregional que hace soplar vientos de guerra, en una reedición de la retórica antiimperialista y antiyanqui de los años 60 y 70.

Brasil es el país que más se ha movido al respecto, muy preocupado por la presencia norteamericana cerca del Amazonas. También Chile y Argentina se declararon preocupados.

Según Cambio, el texto del acuerdo autoriza el ingreso de 1.400 estadounidenses a las bases colombianas: 800 militares y 600 mercenarios que podrán realizar operaciones "sólo" desde territorio de Colombia "para no afectar las relaciones con los países vecinos.

Un tema álgido del acuerdo es el de inmunidad a los estadounidenses durante su misión. Debido a que delitos cometidos por militares de ese país en Colombia han quedado en la impunidad en el pasado reciente, como un reciente caso de violación a una mejor de edad por parte de dos militares estadounidenses en la base militar de Tolemaida, al centro del país-, el gobierno de Uribe quiso avanzar en este tema pero Washington no cedió ni un milímetro. Sólo en el caso de los mercenarios se establece -por primer vez- que no habrá lugar a la inmunidad.

 

Las bases gringas ¿un problema de soberanía?

Alexander Cambero en una columna en El Tiempo sostiene “contra todos los presagios, Álvaro Uribe Vélez y Colombia salieron ilesos de la cumbre. Lograron colocar nuevamente el tema de las FARC en el tapete. Colombia logró hacer respetar el derecho soberano que tiene la nación de obtener cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. ¿Qué quiere decir el columnista cuando se refiere a que Colombia salió ileso de la cumbre en la medida en la que, supuestamente Uribe salió a salvo? ¿De qué manera Colombia se vanagloria de tener una soberanía cuando este supuesto acuerdo de cooperación constituye una violación del territorio? ¿La soberanía que defiende Colombia solo es válida en tanto niega toda oportunidad de cuestionamiento de sus países vecinos y aprueba la injerencia militar de una potencia mundial como lo es Estados Unidos? Pareciera que Uribe, como soberano, encarna el interés de un conjunto social, que fuese la sociedad hecha persona, pareciera además que la testarudez de Uribe con respecto a las críticas que recibió en la cumbre de la UNASUR constituye un acto heroico por la defensa de un interés nacional que justifica tanto la presencia gringa en Colombia como pasar por encima del interés de naciones vecinas.

Es impresionante el cinismo de los medios de comunicación cuando catalogan de enemigos a los países vecinos como Ecuador y Venezuela, haciendo de Chávez y Correa personajes excluidos de los valores que ha cimentado el uribismo. Es muy fácil ver esta lógica de exclusión y de deshumanización del otro, del expulsado de la sociedad que ha sobrevivido que, como bien se ha dicho, se le puede dar muerte de manera impune. No es más que miremos las dinámicas de exclusión hacia los y las que no se ajustan en la escala valorativa del uribismo, miremos no solo a los habitantes de la calle, o a los delincuentes, o a los homosexuales y lesbianas o a los y las estudiantes, o Correa o a Chávez, sino más bien a la sociedad en su conjunto; no es cuestión de exterminio de un patrón de un sector específico de la población (como los judíos en el totalitarismo nazi) es peor aún.

El caso de Colombia es paradigmático de la lógica más vil y vulgar de construir política. Parece que no es suficiente la cantidad de desplazados, de ejecuciones extrajudiciales, de corrupción administrativa, etc. Ahora se pretende reencauzar estas acciones bélicas del Estado colombiano con la ayuda gringa, pero ¿hacia dónde? Al parecer no hay que temer, pues Uribe ha dicho” los únicos que le deben temer a estas medidas son los terroristas”. Pero ¿quiénes son los terroristas? ¿Solo las FARC y el ELN? o (como hemos visto) ¿no son más bien terroristas todas las personas que se alejan de la escala valorativa que ha creado el uribismo? ¿Es posible concebir la defensa de una soberanía acudiendo a la ayuda militar del país que más consume recursos en el mundo, y que más los necesita?

Si es que existe la soberanía, parece que ésta solo se concentra en una cabeza, y cuando decimos acá “cabeza” nos referimos a la literalidad de la palabra. Parece que Álvaro Uribe Vélez -rechazado por los países que deberían ser sus aliados- tiene en su cabeza lo que hemos venido llamando soberanía desde hace pocos siglos. No obstante, ¿no es que la soberanía reside en el pueblo? Parece que no, y en todo caso no en los planes de gobierno de Uribe. Parece que su apetito por acaparar el poder de las ramas públicas es insaciable. Si la soberanía residiera en el pueblo no sería justo poner bases militares gringas en el territorio colombiano, y si la soberanía residiera en la cabeza de Álvaro Uribe Vélez sería completamente injustas las palabras, al parecer, ignominiosas de Chávez contra el presidente Uribe y completamente justa la presencia gringa en Colombia.

De nuevo, miremos en nuestra vida cotidiana. No es sino que hablemos con un uribista para ver reflejada la intransigencia de nuestro presidente, la testarudez esquizofrénica y paranoica de un “ethos uribista” que cree que su contradictor es su enemigo. No es mera palabrería o fraseología, parece que este modo de ser uribista actúa, y actúa a favor de una actitud guerrerista: “cuanto más asesines más oportunidad tendrás de vivir”. Esta actitud asesina no tiene límites. Parece que el paramilitarismo se quedó pequeño ante la gran cantidad de terroristas que se han proliferado en el territorio colombiano, parece que no son suficientes esos microfascismos que han sembrado los medios de comunicación en las personas, la cantidad de “migrantes” (desplazados) y de “falsos positivos” (crímenes de Estado) no es suficiente para la preservación de este ethos, de esta forma de ser, que como se ha venido diciendo por ahí, puede disponer de lo que debe seguir vivo y lo que no, bajo la apariencia de una necesidad de hacer vivir. No es suficiente la actitud bélica del Estado colombiano, por eso se pide ayuda militar gringa.

Cada vez menos personas son tan puras como los uribistas, que pueden decidir a cuestas de todo un conjunto de personas, de todo el conjunto de una sociedad que ya lleva doscientos años de aparente libertad. Mientras no nos quitemos esta actitud demandadora de un poder paternal y despótico, no va a ser suficiente la cantidad de personas que llevan asesinadas en nombre de la preservación de un tipo muy particular de sociedad, igualmente, no va a ser suficiente tantos gringos como vengan, pero si no nos pellizcamos, si no nos apropiamos de lo nuestro, llamémoslo soberanía o no, seguirá este régimen de excepción diciendo lo que debe vivir y lo que en su mayoría deberá morir.

Además, tengamos muy presente que si no nos ponemos las pilas, si no se actúa, vamos a tener a Uribe para largo, ya que aprobaron el referendo. Es decir, hoy nos enfrentamos no solo a un presidente, sino a una política de Estado. Nos enfrentamos a un panorama muy oscuro ya que ni la seguridad democrática ni las bases militares van a desaparecer después de que termine el periodo de Uribe, y aun no sabemos cuando sea eso. Como muy bien lo ilustro Eduardo Galeano estamos en una “demodura neoliberal”, es decir, una dictadura disfrazada de democracia. Casualmente, muchas de estas “demoduras” latinoamericanas históricamente han tenido el apoyo militar y económico de los Estados Unidos. Es por eso fundamental en este momento movilizarse.

Una niña de un colegio de la localidad de Engativá dijo “el virus AH1N1 va a hacer lo que no ha podido la izquierda, bajar a Uribe del poder” y un niño de su mismo curso le responde “eso no va a pasar porque el presidente tiene las autodefensas bien altas”. En un centro comercial de la misma localidad, mientras se transmitía la cumbre de Unasur un par de señoras de avanzada edad, ante la ineptitud del presidente al buscar los apuntes necesarios para su segunda intervención, dicen “mire, mire, como está confundido el presidente, pobrecito ojalá encuentre sus hojitas”

 

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